Julio intuía que el reencuentro no sería lo mismo sin Ignacio, era él el que ponía de buen humor a todos y con el que tenía las mejores charlas. También sabía que tras aquel viaje de estudios, había decidido ser historiador y especializarse en pueblos originarios. Por eso llevaba todos sus ahorros que no eras muchos, y había dejado muchas cosas en suspensión por el viaje. Se iba solo, porque no tenía con quien hacerlo. Así que a pesar de que nunca le gustó manejar, era la única opción que le había quedado…
-Si querés venir, queda un lugar…
Era todo lo que necesitaba el destino, ya había cumplido su parte y podía retirarse tranquilo.
Ignacio se sintió liviano, recordó repentinamente una canción que hacía mucho no escuchaba “ahora que todo acabó y el hilo de tu nuca se desató, ahora sí, me siento un poco mejor”*. Esa era su oportunidad, sabía que era ahora o nunca… ¿Qué importaba cuantos kilómetros hubieran hasta México? Con lo que llevaba manejado en redondo en ese puto micro seguro había recorrido la distancia mil veces sin ir a ningún lado. Todo para llegar a una cama vacía, a una cerveza fría y el olor a humedad que se pegaba en todos sus poros.
Verde..
-¿Estás seguro Julio?
Tiene que arrancar, sabe que si se queda parado esperando una respuesta los bocinazos no lo van a dejar escucharla.
Julio no necesito pensarlo otra vez, siempre había estado seguro de las decisiones que tomaba.
-Si, bajate y vamos, que ya salimos con retraso.
-Estacionate atrás mío
Como pudo acercó el micro al cordón y estacionó. No terminó de hacerlo cuando escuchó la voz de la misma anciana, la única persona tan entrometida y lo suficientemente cerca como para haber escuchado la conversación:
-Me imagino joven que usted no piensa dejar el micro lleno, en plena hora pico, parado acá…
-Lamento que su imaginación sea tan mezquina
Ignacio, con una sonrisa de esa que hace mucho no sentía, bajo del micro dejando al 112 atrás, y todos los pasajeros en estado de incredulidad.
Subió al auto y un abrazo con Julio, simplificó todas las palabras que no se dijeron, y todas las que ibas a decirse después.
-Mi casa queda cerca, pasemos a buscar los documentos
Fue lo último que la señora de imaginación mezquina logró escuchar antes de que un hombre parado enfrente de ella le gritara al resto: -Bájense todos el hijo de puta no va a volver.
*
1 comentario:
Yo, al igual que lule, tampoco tengo demasiadas genialidades que comentar u.u Solo espero que nosotros tengamos la suficiente suerte para no sufrir el mismo destino y poder cumplir nuestras promesas!
Me encantó MaLe, sin querer comente desde el tuyo antes, borralo como puedas :P
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