sábado, 11 de diciembre de 2010

Cosas de flores de jazmín, árboles de tilo y otros instantes

Siempre lo veo ahí, siempre solo y murmurando y preocupado. Hablando solo aunque le hable a alguien porque nadie lo escucha. El loco de mi parada generalmente se entretiene barriendo… limpiando soledades ajenas.

El lunes, o ayer, o el miércoles, no se, el loco con el que nunca había hablado me ofreció dos jazmines chorreantes de agua.

¿Cómo iba a saber él que era mi flor preferida?

¿Cómo iba a saber que era el primer hombre que me regalaba flores?

¿Cómo sabría que regalar flores siempre me pareció ñoño pero estas tan simple hacían fresco y auténtico el regalo?

¿Cómo agradecerle por la inocencia que alegraba mi día?

Intentar con una sonrisa sincera mirando sus pupilas…



Pero ahí siguen ellos haciendo piruetas en el aire para hacerme sonreír y yo me siento la hija caprichosa del burgués… que aburrida en cualquier momento dará la orden para hacerlos desaparecer pero se distrae co la vista por la ventana y sonríe viendo un pétalo en el aire.

Sabemos que un pétalo en el aire dura los segundos que tarda el viento en volver a girar. Por eso la único que queda es que esos segundos vivan días en mi y sirvan de sonrisas más de lo que duran como excusas.