Luego despliega un afiche que llevaba bajo el brazo en el cual explica que gracias a este gobierno defacto y a sus títeres mal llamados policías perdió su lengua en una comisaría luego de una protesta. Este mismo cartel también dice que él es hijo de un anarquista francés y que lo que lo motivo siempre a seguir viviendo fue la lucha por la igualdad. Pero que ya no soporta esta sociedad mediocre y sumisa por eso esa misma noche va a suicidarse frente a la casa de gobierno. En el cartel pide un último favor, antes de morirse quiere escuchar por última vez el himno de su lucha cantado por una multitud.
Luego desdobla otro afiche con la letra completa de la Marsellesa, a lo que la mitad de los pasajeros muestra su lengua mutilada también y empieza a tararear como puede el ritmo. La otra mitad indiferente lee la letra, sin melodía prácticamente, a destiempo y desafinados, como aquel que lee la letra de una canción que escucho pocas veces y nunca entendió.
Al terminar la melodía el hombre llorando sale del vagón. Sin que en el transcurso se hayan modificado las personas que viajaban en el subte...
Nadie subirá por varias paradas por pura casualidad. En cambio, nadie bajará por algunos minutos pero a causa de la emoción, el miedo, la alegría, la esperanza o la tristeza. Ninguno de los pasajeros que allí estaban sintió lo mismo pero todos actuaron igual, se quedaron inmóviles resguardando en su memoria ese instante que sabían inolvidable.