Me quiero ir lejos, quiero caminar sin rumbo, dormir en el pasto más verde que encuentre… gritar y no escuchar solo mi voz, que me beses con pasión y sonreír sola sin razón.
No necesito que me nieguen salir para aprisionarme, soy mi carcelera más estricta en estas noches de insatisfacción. Me es imprescindible salir de esta quietud sin paz que consume mi vida. El problema es que mi calabozo tiene puertas y ventanas que me muestran la realidad, que me recuerdan lo que no arriesgo y aun peor lo que pierdo.
Hasta la música que a veces es capaz de cambiarme el ánimo ahora me irrita, porque ya la conozco demasiado, es otra parte de la cotidianeidad que hoy aborrezco.
La luna, una brisa, noche de primavera y yo me voy a dormir temprano… por las dudas…
Lo único que brilla es la pantalla, que irónica contiene las bestias de mi interior. No hay nadie que me pueda ayudar cuando yo ya cerré las rejas con llave y me puse el pijama, fiel uniforme de mi aislamiento…
Se que en algún momento la luz de la luna me llamará con más fuerza desde la superficie que lo que ahora me atrae el obscuro fondo de éste, mi pozo.