Observo una tormenta, se ven luces, relámpagos por todo el cielo y se oyen incesantes truenos. No recuerdo haber apreciado nunca una tormenta de esa forma… la felicidad invadía mi cuerpo, disfrutaba al ver la inmortalidad de la naturaleza y su furia desde lejos. No tocó mi piel una sola gota, pero todos mis sentidos se erizaban por aquellas nubes y sus estruendos.Mis ojos veían los relámpagos… aparecían tan repentinamente como desaparecían, apenas si alcanzaba a grabar su forma y su brillo en mi retina. Los rayos surcando el cielo espontáneos, únicos, peligrosos… sentía que estaban solo para mi; que nadie más se detenía a verlos; que posiblemente nadie los recordará en unos días. A pesar de todo esto su marca es imborrable en mi… hoy yo vi su hermosura, su fuerza, y mientras yo los recuerde no dejarán e existir y no habrán rugido en vano.
Antes de encontrarme con la tormenta había nacido en mi un sentimiento de insignificancia; sentía que mi vida no tenía realmente un sentido, una razón de ser. Que soy en el universo como el relámpago en mi vida.
Pero al ver la tormenta y retomar esta última comparación, la afirmo soy tan sublime y fugaz como un relámpago… me di cuenta que también podría ser fuerte y única como él y, que, tal vez, hasta podría llegar a ser tan esperanzadora e inolvidable en la vida de alguien como lo fue el relámpago en la mía. Si eso pasara dejaría de importar el tiempo, la trascendencia… mi escaso segundo en la eternidad del universo habría valido la pena solo por brillar en esos ojos…solo en tus ojos, un instante de luz…felicidad.

Fotos que saqué el 30/12/08 en Blanco Encalada, Mendoza. El mismo día escribe esto...me gustan más las fotos que el escrito. Pero uno necesita del otro para aparecer en estos pasillos.
