Fue a bailar sola, entró al boliche y en la barra pidió un “Destornillador” bien cargado.
No tuvo que buscar demasiado, a lo lejos vio a un morocho impactante, bailaba con ritmo, estaba con dos amigos solamente y tenía una espalda trabajada digna de mencionar.
Sujetó el trago con una mano y empezó caminar suavemente, esquivó a todos los hombres en el camino. Hasta que al pasar al lado de él sintió una mano en la cintura… dio media vuelta y observó su victoria, era el morocho que ya había observado quien la sostenía. Dejó que se acercara lo suficiente para poder mirarlo a los ojos. Era hermoso, simple, varonil, seguro y tenía una sonrisa perfecta de dientes bancos y sincera simpatía que no olvidaría jamás.
Empezaron a bailar. Ella había elegido este boliche por dos cosas: buena música para bailar y baños mixtos de puro descontrol… Merengue, salsa, rock and roll y algo de cuarteto se alternaban de un modo perfecto con el alcohol de los tragos en vasitos plásticos.
Bailaban como si no hubiera nadie alrededor, roces, besos, sus miradas expresaban el deseo incontenible. Se besaban pasionalmente, casi de modo caníbal, luego suave, lentamente, hasta estremecerse…
Cuando ella no pudo contenerse más y sintió que el alcohol le había hecho olvidar el poco pudor que llevaba consigo, lo condujo a uno de los baños, entraron ansiosos en un cubículo y cerraron la puerta detrás de sí.
El calor de sus pieles empezaba a evaporar la transpiración.
Él la tocaba con pasión pero sin urgencia ni violencia. Le sacó la bombacha humedecida, subió su pollera hasta la cintura y se colocó un forro, todo con una rapidez y naturalidad que denotaba su experiencia.
La alzó por la cintura, la apoyó contra la puerta, y ella cruzó sus pies detrás de la espalda él, se hundió entre los pechos turgentes, lamió los pezones duros y se contuvo de morderlos.
Se volvieron uno, sus movimientos coordinaron rápidamente, ella se reconoció multi-orgasmica al cabalgarlo con locura, el masajeó su culo perfecto, besó su cuello, gimieron excitados, gritaron enardecidos… cogieron.
Cambiaron de posición, ella de espaldas se abrió de piernas, él por detrás la penetró, con una mano acariciaba sus senos y con la otra el clítoris rígido, la sentía temblar debajo de sus cuerpo,
transpirar, gemir, arder….
transpirar, gemir, arder…. Acabaron una o mil veces, no lo recuerdan; sus nombres nunca los supieron; pero lo que si intuyeron cuando se despidieron en la puerta de aquel baño es que ese había sido el mejor sexo que conocerían.
-Bon soir


1. Frase de la canción "Que se llama soledad" de