No había caras por lo tanto tampoco gestos. Algunos me abrazaban; otros solo se quedaban quietos con paciencia dejándome dormir.
Estaba tranquila todo lo que necesitaba era a alguien al lado; no palabras, ni besos, ni miradas de ternura.
No se si cambiaba de persona porque buscaba a alguien en especial, o por el contrario para no encariñarme con nadie...
Sentía tibieza en mi piel, contención en la simple compañía, no tenía ninguna preocupación. No importaba el tiempo, no temía despertar.